- La llegada del priista Joaquín González Castro en lugar de José Luis Pech confirma que la plataforma naranja sigue dependiendo del reciclaje político y sin estructura propia en el estado

Chetumal, Quintana Roo. — La reciente llegada de Joaquín González Castro a la dirigencia del MC en Quintana Roo, tras la salida de José Luis Pech Várguez, no hizo más que confirmar las debilidades estructurales que la oposición arrastra en la entidad: la ausencia de cuadros propios, la falta de un proyecto territorial y la dependencia de perfiles formados en el viejo régimen.
El paso de Pech Várguez al frente de la coordinación estatal dejó un saldo débil para la causa naranja. Más volcado hacia la agenda parlamentaria y las negociaciones por posiciones plurinominales que a la construcción de una base partidista, el senador saliente dejó un partido sin penetración popular y limitado a figurar únicamente en periodos electorales.
Lejos de representar la “nueva política” que promueve su dirigencia nacional, el nombramiento de González Castro —un perfil vinculado históricamente a los gobiernos del PRI— evidencia que Movimiento Ciudadano se ha convertido en el refugio de cuadros que no encontraron espacio en sus partidos de origen. Con este movimiento, la cúpula naranja busca mover su centro de operaciones a Chetumal para intentar posicionarse rumbo al 2027, aunque lo hace echando mano de las viejas fórmulas de la política tradicional.
Al ser cuestionada sobre la reestructuración del partido opositor, Johana Acosta, presidenta estatal de Morena, centró su postura en el contraste de proyectos.
“Cada partido elige cómo organizarse, pero los hechos hablan solos. Cuando no se trabaja en territorio ni se forman liderazgos con la gente, se tiene que recurrir a las fórmulas del pasado. Cambiar de dirigencia no arregla la falta de identidad ni la falta de trabajo en el territorio”, expresó.
Analistas locales coinciden en que la estrategia de MC parece apostarle más al pragmatismo y al rescate de figuras del pasado que a la consolidación de una alternativa real.
En contraste, Morena mantiene el control del mapa político en Quintana Roo apoyado en su presencia en los once municipios y en una estructura de base que sigue operando sin depender de los tiempos electorales.
Al respecto, la dirigenta morenista subrayó la diferencia entre la dinámica de su partido y la de los cuadros opositores.
“Mientras otros dedican su tiempo a buscar acomodo y repartir nombramientos desde la cúpula, en Morena la prioridad es el pueblo, la unidad interna y la formación de nuestros comités. Esa es la verdadera diferencia: nosotros no estamos improvisando ni reorganizándonos a última hora; nosotros llevamos años construyendo con la ciudadanía”, puntualizó.
El relevo en la coordinación naranja deja ver un intento de supervivencia política en la zona sur, pero también deja en claro que, hoy por hoy, la oposición en Quintana Roo sigue sin encontrar una voz ni un proyecto verdaderamente propio.
