✍🏻 Opinión; La ruta hacia el 2027: política de territorio, no de escritorio
Por Víctor Hugo Acevedo

Chetumal vuelve a despertar.
El movimiento en las colonias, las reuniones entre cuadros y los saludos con segundas intenciones confirman que el reloj político ya empezó a correr rumbo al 2027.
Y aunque algunos todavía repiten el “falta mucho”, en Quintana Roo todos sabemos que en política los tiempos se adelantan cuando hay poder en disputa.
En Othón P. Blanco, la pregunta no es quién quiere competir, sino quién está dispuesto a construir. La ciudadanía ha cambiado, está más atenta, más exigente, y cansada de los proyectos que aparecen solo cuando hay campaña. El discurso dejó de ser suficiente; ahora pesan los hechos, los rostros conocidos y los pasos dados en tierra.
Dentro de Morena, el reto no es menor. El partido sigue siendo la fuerza dominante, pero también la más observada. La continuidad del movimiento requiere más que estructura: necesita liderazgos que escuchen, que unan, que representen.
Y en ese terreno hay nombres que comienzan a consolidarse con trabajo real, no con reflectores.
Uno de ellos es David Hernández Solís, actual secretario de organización del partido en el estado. Un perfil que, sin estridencias, ha tejido relaciones sólidas con las bases y con la ciudadanía del sur. Su presencia no se limita a las reuniones políticas; se le ve en las calles, en los ejidos, en los espacios donde las palabras se transforman en apoyo y acompañamiento.

Esa constancia, poco común en tiempos de inmediatez, empieza a generar simpatías incluso entre quienes no militan.
El sur de Quintana Roo necesita esa visión: una que combine sensibilidad social y capacidad organizativa, una que devuelva a Chetumal el peso político que siempre tuvo. Porque si algo ha demostrado la historia reciente es que las decisiones del centro se ganan con el trabajo en la periferia.
Mientras tanto, la oposición busca su lugar, aún con más dudas que certezas. Y en ese andar, quienes han sabido construir desde abajo llegarán con ventaja. Porque en política, los tiempos se miden no por lo que se dice… sino por lo que se hace.
Chetumal está mirando, y esta vez, lo hace con lupa.
